Melaza: el cine como medio para la denuncia ideológica y social.

Gracias al Festival Internacional de Cine de Panamá, los panameños tuvimos la oportunidad de ver Melaza, una producción cubana, francesa y panameña, primera película del cubano Carlos Lechuga.

El director logra reflejar en el largometraje de manera sutil e inteligente la realidad de su sociedad. Lechuga usa el cine y su poder audiovisual como herramienta y estandarte para diferir y dar un grito de rechazo ante tal situación. Y es que para denunciar, criticar o expresar cualquier tipo de discrepancia, no es necesario recurrir a la ofensa, burla o agresividad. Muchas veces sólo basta con reflejar la realidad.

La película, se centra en el pequeño pueblo de Melaza, en donde la azucarera ha cerrado y con ello ha traído la miseria y desvastación. Allí, nos encontramos con Aldo y Mónica, una joven pareja que sufre las consecuencias de tal cierre y que busca la manera de sobrevivir. Ellos conviven con la madre de ella y la hija de Mónica con su pareja anterior. En este recorrido de supervivencia, se encontrarán con opciones ilegales: la venta de sexo, el tráfico ilegal de carne.

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Dentro de la historia nos encontramos con el  funcionario con el suficiente poder como para dar empleo, pero que decide utilizarlo para su propio beneficio, el cual será punto clave para la toma de decisiones de los protagonistas. Dicho papel es interpretado por el actor panameño, Luis Gotti.

Mediante una serenidad y un delicado ritmo, la historia se desarrolla en unos cortos 80 minutos en donde nos encontramos con un humor sútil: las clases de natación en la escuela en donde Aldo imparte clases, la asistencia puntual de Mónica a su trabajo en la azucarera que está cerrada.

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Un punto clave dentro de toda la película y que resalta la ironía, pero a la vez es una denuncia clara, es el carro con los altavoces con propaganda política, diciendo repetidas veces cómo el pueblo debe celebrar el triunfo de la revolución y combatir el imperialismo Yankee, mientras que Melaza se cae a pedazos.

Melaza resulta ser una película que tiene un contenido difícil de digerir, pero que el director de manera afable logra proyectar, mezclando sonrisas con tristezas y desesperación, dificultando al espectador distinguir dónde empieza uno y termina el otro.

Carlos Lechuga, que además de director también fue el guionista, nos deja con un final abierto, con la esperanza de una solución, de un futuro mejor.

La escena final posee un contenido denso, en el que todos los infortunios de un pueblo contrastan con la falsa y obligada celebración de una revolución añeja y acrónica.

Fotos: Melaza

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